
Taller museo
Gabriel Rodríguez Pellecer
Por una calle estrecha en Santa Lucía Milpas Altas ingresa uno al taller de Juan Carlos Mencos. Siempre me recibe un perro. Se siente el olor a la madera desde la calle. El “texto introductorio” a este taller/museo es una bodega al aire libre con cientos de retazos de madera como preámbulo. El museo subyace dentro de un taller de madera.
Juan Carlos Mencos no es carpintero ni ebanista. La carpintería lo volvió artista. En el momento en que encuentra, selecciona, adapta, repara, colecciona, cura los sobrantes en su taller, nombra estas Piezas de madera como obras.
Las obras ya nacieron mucho antes que él las encuentre. Nacieron en pedazos que se fueron acumulando por su propia cuenta. El las bautiza, arregla, compone como piezas artísticas después. Solitas ya se esculpieron a pesar de su mirada. Sus manos y las de sus carpinteros las esculpieron como ejercicios de figura fondo. Un ejercicio de Gestalt. Cuando se está construyendo los muebles, sus remantes son obras. Son, en principio, fondo.
Juan Carlos es acumulador, coleccionista de retazos. Su museo está al aire libre afuera de su taller. Entre los remanentes urga, selecciona, luego los organiza y ahí comienza el proceso para él. Las piezas de madera ya se organizaron desde la semilla del árbol. Algunas de esas semillas son más longevas de edad que Juan Carlos, por lo que las obras nacieron incluso antes que él naciese.
Siempre menciona la especie de árbol. Juan Carlos platica con los árboles antes de tomar su madera, y esto se intuye ya que se refiere a las piezas con pronombres. Ella o El. Nunca son cosas, son seres que habitan afuera de su casa.
Entiende sus valores a través de sus orígenes. Uno puede advertir su emoción cuando encuentra una pieza que viene del árbol de hormigo, y menciona la marimba. De ahí que una de las piezas de la exposición tenga sonido. Trabajar con madera tiene ciertas características que en el lenguaje de los poetas serían unas imágenes muy evocadoras. La madera está viva y Juan Carlos cuenta cómo se considera esto al moldearla. Un poeta está alerta a las imágenes que puede pescar en el mundo. Juan Carlos pesca las ideas de sus esculturas escuchando a la madera. Está obsesionado con las densidades de cada especie. Es como si eso fuesen las personalidades del rosul, del pino, del ciprés, del conacaste.
Cada pieza en este conjunto es parte de un gran bosque, que Juan Carlos tuvo la gentileza de acercárnoslo, de traducir su idioma, para que nosotros podamos también dialogar con él.
























