el telar me hizo tejedora
HELLEN ASCOLI                    
08- 30 de junio 2016

En el trabajo reciente de Hellen Ascoli, el cuerpo de la hacedora ayuda a determinar la escala del objeto y la experiencia del espectador: así, ella trabaja con uno de los legados familiares del Minimalismo.  Pensemos en esos cubos de acero inoxidable que llenan la sede de Donald Judd en Marfa, Texas; estos hablan sobre la escala del cuerpo en el espacio. Estos reflejan luz, nos invitan a tocarlos, y parecen estar quietos. Los legados del Minimalismo viven de diferentes maneras en otros momentos y otros lugares. Y aquí, los hilos del movimiento se enredan, se desgastan, se resignifican.

 

El cuerpo, y su habilidad de percibir – sus sensores: intelectuales, emocionales y físicos – definen la experiencia escultural. En El telar me hizo tejedora, se buscan los aspectos formales de Judd, pero luego se hacen improvisaciones a la misma tradición. Entonces, Ascoli piensa en la estética minimalista desde las prácticas de las tejedoras guatemaltecas. Trabajando con el telar de cintura, las medidas del cuerpo de la tejedora le dan dimensión al textil. El telar, entonces, encaja de manera íntima, mientras abraza al cuerpo. Como resultado, los textiles se podrían entender como una suerte de retrato abstracto de la tejedora, o por lo menos, estos mantendrian una relación fuerte con el cuerpo específico, este mismo cuerpo que les dio forma. Tampoco se debe olvidar que estos cuerpos normalmente son femeninos. Que estas manos son femeninas. Que los textiles cubren nuestros cuerpos, llenan nuestros espacios domésticos.  Sin embargo, el minimalismo de Judd siempre ha sido leído como masculino. ¿El cuerpo de quien determina la escala? y ¿porqué? Pregúntale a Judd.

 

Desde marzo, Ascoli ha estado intercambiando trapos de lustre con lustradores de la zona 1. Hay una cualidad material en estos trapos usados para lustrar zapatos. Estos trapos truenan al ser jalados, dan de sí. Los pantalones de courduroy que se encuentran en las pacas son la tela preferida para los lustradores con más experiencia. Ascoli intercambia un trapo nuevo más dos quetzales por un trapo usado, y así participa de un intercambio económico acerca de estos materiales invisibles, estos despojos. Imagina todos los pies que estos trapos han sobado, acariciado, limpiado. Hay historias inscritas en esta tela mugrienta y negra. Sistemas económicos, relaciones de poder, historias de vida se revelan en los materiales alrededor de nosotros, sobre nosotros y debajo de nosotros. Nos cuentan historias del tacto, del contacto, nuestro gesto más íntimo, nuestra manera más íntima de interactuar con otros.

 

En Marfa, uno no puede tocar las esculturas.

 

La escala del cuerpo

Insiste en ver la mano, al ver el género

El intercambio entre artista y su comunidad

Entre artista y sus colaboradores:

 

Todas estas cosas son las infrastices – esa maquinaria que es más conveniente esconder – que Ascoli hace visible en su práctica. Hay fragilidad aquí. La fragilidad también puede ser una forma de fuerza. Miren ese delicado hilo que se mueve alrededor de la galería, su maquinaria desvergonzada, desnuda, en plena vista. ¿Qué puede significar ver cómo funciona algo? Esto no es algo simplemente de diseño o de cuestiones teóricas. Es una pregunta pertinente a las relaciones humanas, de nuestros espacios compartidos. De muchas maneras, es la pregunta más urgente que tenemos – la más íntima, la más personal, la más sagrada pregunta. Vean como el hilo es jalado, se mueve, se traba. Vean como se rompe.

 

 

- Laura A. L. Wellen

June 2016

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