expedientes visuales

DENNIS LEDER

02 - 30 de noviembre 2017

Considero el arte como una de mis prioridades fundamentales. A lo largo de 45 años, esta prioridad y la de la vida en la Compañía de Jesús han parecido incompatibles para algunos,  a pesar de que los Jesuitas han tenido una larga historia académica y práctica en las artes. Llevar a cabo estas dos vocaciones, sin embargo, ha sido un ejercicio de equilibrio donde el peso externo no se ha inclinado  necesariamente en favor del arte. Por eso, los elementos formales de mi obra, los ritmos fragmentados y los contrastes, reflejan algo de esta tensión creativa.

 

Mi identidad como Jesuita me ha llevado a varias responsabilidades: estudios, compromisos sociales, puestos de dirección, tareas como sacerdote. Sin una perseverancia fundamentada en algo más hondo que la imagen de artista, es muy posible que yo hubiera renunciado al arte  a favor  de las obligaciones más convencionales.

 

Las tareas fuera del ámbito del arte,  han limitado el número de obras que me hubiera gustado producir. Sin embargo estas limitantes me han exigido encontrar un método personal de trabajo. Las experiencias han aportado elementos importantes para mi vocabulario visual y un punto de vista esencialmente esperanzador: he vivido contrastes, ciertos ritmos se han roto pero luego  se han reencontrado. Las cosas se deshacen, y existe un orden en el caos.

 

La vida ha sido mi referencia, más que el mundo del arte. Pero es por medio del arte donde puedo plasmar la experiencia que observo. Es inevitable que algo de las experiencias aparezcan en la obra; las esculturas y pinturas son la destilación de mis experiencias, la arquitectura de mi espíritu. El reto es entender e interpretar el sentido de estas experiencias; discernir su mensaje. Yo las plasmo pero su significado es el resultado de asociaciones y reflexiones que se traen y se comparten. Igual que una conversación que  comienza con un punto y pronto gira por sus propios rumbos, yo considero mis obras como el inicio de una conversación. Se ha dicho que el sentido de una obra queda a medio camino, entre la obra en sí y la persona que la aprecia.

 

Es imposible imaginar que el arte es algo superfluo. La misma esencia de ese lenguaje sensual, sea visual, corporal o auditivo, alimentan el espíritu. Cuando una persona se atreve a ser atenta, consciente, libre de los límites del “yo”, descubre el ámbito de lo trascendente. El arte y la espiritualidad están en la misma sintonía, la cual no disminuye otros efectos que la complican: el mercado, la fama y la moda pueden volverse los principales centros de interés. He preferido canalizar mis ambiciones hacia la perfección de la obra; esto, más que otras recompensas, me sostiene.

 

¿Qué puedo decir sobre el contenido? Primero, no es racional sino visual. Desde la niñez sentí una atracción por las estructuras: edificios, carreteras, puentes. No es extraño que la arquitectura aparezca en mis obras ahora. La danza es una referencia más reciente; ambas disciplinas tratan sobre movimiento y espacio. Además de esto, la belleza no convencional me interesa, sea el ambiente de los barrios populares o el mercado central o  las personas al margen de la norma. Es una energía auténtica lo que se respira de esos ambientes y personas, y es mi estética preferida.

 

Todo este proceso artístico ha sido lento. Ha sido enriquecido por el arte del pasado, por unas personas sabias, por la atención a las experiencias vividas. A lo largo del proceso he observado detalles, he valorado la duda, he decidido jugar seriamente. Cuando otras personas encuentran en estas obras un enlace con sus propias experiencias,  siento que hay un buen inicio para la conversación.

 

Dennis Leder

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