desarraigo

INÉS VERDUGO

06 - 30 de junio 2018

Una típica casa de muñecas, de techo de dos aguas, con dos niveles, una puerta principal y cuatro ventanas, ha sido el objeto que ha dado inicio a una historia difícil de contar.


Un día una casa está aquí y a la mañana siguiente desaparece. Incluso las personas, cada tanto se pierden. Nunca queda un vacío que no pueda ser reemplazado. Pero, ¿qué pasa cuando nos aferramos a una historia, a una persona, o a un objeto que ya no existe?


La casa de muñecas se ha convertido en el elemento para expresar las relaciones entre lo público y lo privado, sin deseo de confrontar una separación esta se ha convertido en un objeto transicional. Se podría decir que esta casa ha traspasado los elementos simbólicos de su arquitectura y se ha convertido en el objeto que me ayuda a crear un puente entre lo real y lo imaginario.


He medido mi cuerpo en comparación con esta casa. Me he escondido dentro de ella. He registrado todas las posturas que mi cuerpo adquiere dentro de este espacio. La he dejado volar por el aire enganchada de una grúa con el deseo de dejarla caer sin lograrlo. He realizado réplicas y destrucciones de la misma. La he dejado navegar sin rumbo pero está siempre regresa a mí.


En momentos la casa me conforta y pienso que es mejor no salir de ella. Luego pienso que si tengo un sitio donde vivir, también puedo correr el riesgo de perderlo. El desalojo y moverme con mis objetos de un lugar a otro me angustia.


La mayor parte del tiempo me siento atrapada en una pasión inútil. Mi trabajo surge del no saber. Busco tener un yo, un cuerpo unificado dentro de esta casa. Pero ahora siento que hay trozos de mi cuerpo tirados por todos lados y creo una complicidad con mi propia imagen fragmentada. Mi cuerpo se convierte en un misterioso material que habla de un objeto.


Desarraigo muestra la ausencia, la destrucción, el derrumbe de la casa. Haciendo visible el poder del objeto y el deterioro de los espacios que habitamos. Cincuenta y seis piezas en resina hablan sobre recuerdos acumulados del pasado encontrados dentro de una memoria desorganizada. Piezas que son copias directas de esa casa donde lo que importa es la permanencia del pasado traído a un presente roto.


La memoria no es solamente un recuerdo, sino la presencia de un pasado que se ha perdido sin remedio. La casa desaparece y cuando lo hace el recuerdo de ella también se desvanece, perdiéndola para siempre.


Inés Verdugo

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